Cada 18 de septiembre hay algo en mí que vuelve a Chile. No desde la nostalgia de un lugar, sino desde el reconocimiento de todo lo que aquella experiencia dejó en mi manera de mirar la vida.
Chile fue un punto de encuentro con ideas, personas y formas de comprender el mundo que terminaron conjugándose conmigo. Allí apareció Humberto Maturana y su invitación a mirar al ser humano desde las relaciones, las emociones, la convivencia y ese reconocimiento de que nuestra manera de observar también construye la realidad que habitamos. Muchas de sus ideas me ayudaron a comprender que relacionarnos no es simplemente estar con otros, sino aprender a reconocer al otro desde un lugar distinto.
También apareció Rafael Echeverría, con una mirada que me llevó a preguntarme muchas veces desde dónde observo, cómo interpreto lo que ocurre y cuánto de nuestra vida depende no solamente de los hechos, sino de la manera en que somos capaces de darles sentido. Su pensamiento abrió en mí una forma distinta de comprender el lenguaje, las conversaciones y la posibilidad permanente de convertirnos en observadores diferentes.
Y estuvo Juan Gutiérrez, mucho más cercano a la experiencia, acompañándome a descubrir otro modo de entender el aprendizaje. Con él fui comprendiendo el enorme valor de aprender haciendo, experimentando, reflexionando sobre lo vivido y conectando aquello con la conducta humana. El aprendizaje vivencial y la psicología conductual dejaron de ser únicamente conceptos para convertirse en herramientas con las que posteriormente he intentado comprender personas, grupos y organizaciones.
Quizás por eso hoy me resulta difícil separar parte de mi manera de pensar de todo aquello que se conjugó en Chile. No fue una sola influencia ni una sola experiencia. Fueron ideas, conversaciones, aprendizajes, personas y también una cultura que fui recorriendo a través de su gastronomía, su música, sus costumbres y su particular manera de habitar el mundo.
Con el tiempo uno comprende que hay experiencias que no simplemente se recuerdan: se incorporan. Se vuelven parte de la manera en que pensamos, decidimos, trabajamos, nos relacionamos y observamos la vida.
Chile representa eso para mí.
Una experiencia que pasó por mi vida y, de alguna manera, se quedó en ella.
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